Thursday, December 3, 2009

La fiesta y el faro

La sala de conferencias se vació rápidamente, la mayor parte de los miembros de CLAMIDIA se habían mostrado incómodos, como si el objetivo de la reunión fuera ponerlos en evidencia. Y quién sabe, igual y de eso se trataba. El súbito cansancio desapareció ante un ataque de hiperactividad que me hizo brincar de mi silla como si tuviera un resorte en el trasero. Me acerqué al fondo del salón donde mis amigos se disponían a recoger el equipaje de Vita que había llegado a la Isla a penas a tiempo para la sesión inicial.

-Estoy molida y necesito un cigarro- dije mientras me sentaba en el suelo y me echaba un clavado a mi enorme bolsa buscando mis cigarros y el siempre inencontrable encendedor.

-¿Vas a fumar aquí adentro? - preguntó sorprendida Vita

-Claro, estamos en el culo del mundo, después del fin del mundo. La humanidad, o lo que queda de ella, puede perfectamente dejar su ridícula moralina y reconciliarse con los vicios que son parte fundamental de nuestra cultura - Contesté, y encendiendo un cigarro, me recargué en la pared.

Vita y Orlando entendieron que tardaríamos un rato en irnos y decidieron sentarse junto a mí. Orlando, tal como lo esperaba, me increpó:

- ¿Se puede saber por qué carajos no me habías dicho que venía Vita?

- Quería darte la sorpresa, hubieras visto tu cara cuando entró arrastrando sus maletas.

-Y ya que estamos en el momento de las explicaciones ¿cómo lograste que me incluyeran en el grupo de expertos? Preguntó con curiosidad Vita.

-No fue difícil, simplemente tuve que demostrar que para entender el estado actual de las cosas, tenemos que entender a fondo el exilio y, en particular, el exilio no convencional. Convencí a toda la WAPA de que somos exiliados en nuestro propio planeta. El único problema de todo esto fue que, por otra de las extrañas circunstancias que caracterizan nuestra nueva realidad, para traerte a ti tuve que traer también al Licenciado Sabarreda.

-Sí, Clarisa, entiendo qué hacen aquí todos, hasta Joaquín Sabina o la Jota Natalicio; pero ¿y ese hombre? - intervino Orlando

-Les juro que llevo mucho tiempo tratando de entenderlo. En el momento en que logré que Vita entrara a la lista, apareció también él. La explicación que me dieron en Springfield fue que el Comité había determinado que era indispensable incluirlo para evitar que la delegación ex mexicana se desbalanceara. Yo nunca lo había visto hasta que tomamos el barco en Ushuaia el lunes pasado y puedo decir que lo único que se me ocurre es que representa el polo opuesto de la mexicanidad que Vita; tosco, ignorante, desagradable y vulgar, es todo lo que hubiéramos deseado que desapareciera con el final.

- ¿Y Joaquín Sabina?

-Tengo que confesar que ahí también intervine. Cuando me contactó la WAPA me encomendaron seleccionar a los mexicanos que consideraba debían estar aquí. Los escogí a ustedes y no pude evitar al Licenciado Sabarreda. En el resto de los países latinoamericanos y entre los latinos de Miami un miembro de la WAPA hizo contacto para completar el equipo. Me vi obligada a usar mi pasaporte español y argumentar que, como yo también fui española, tenía la autoridad suficiente para afirmar que esta reunión no tendría sentido sin Sabina. ¿Por qué? No lo sé, fue uno de esos impulsos que me invaden de repente y que, sabemos, suelen tener muy buenos resultado. Como cuando empecé a traducir a Lipovetsky o cuando conocí a Andrés en Madrid.

-Pinche Clarisa, si no te conociera tan bien diría que estás completamente loca- Me contestó entre carcajadas Orlando.

-Ya habrá tiempo suficiente para acabar de entender todo. Ahora nos espera una fiesta privada. Vamos al Faro del Fin del Mundo a celebrar la primera Navidad del fin del mundo. Ya debe estar allá todo lo que encargué. - Dije al darme cuenta de qué hora era.

- ¿Una fiesta privada en una isla con siete habitantes permanentes y quince visitantes? - Preguntó con sarcasmo Orlando.

-Claro, nosotros tres y buen alcohol de sobra ¿vamos?


* * *


A pesar de estar en pleno verano, hacía frío. La Isla de las Naciones está muy cerca de la Antártida y llueve casi todo el tiempo. Nos pusimos el abrigo y nos dispusimos a caminar hasta el faro, afortunadamente la lluvia persistente paró un rato y pudimos llegar relativmente secos. Dentro del Faro del Fin del Mundo encontramos una gran mesa con comida japonesa como para un regimiento y, tal como había prometido, enormes cantidades de alcohol.

Me acerqué a la mesa y saqué de la hielera una botella de champagne. La abrí explicándoles a mis amigos:

-Estoy segura que nos esperan unos días muy pesados, los de la WAPA se lucieron, la concurrencia es simplemente inverosímil. No sé si podremos sacar algo en claro de ellos o si toda la explicación, porque definitvamente nadie sale de esta isla hasta que tengamos una buena explicación, la tendremos que dar nosotros tres. Así que hay que celebrar como si el mundo se fuera a acabar...otra vez.

-Clarisa, ese chiste empieza a hacerse viejo- Contestó sonriendo Orlando

-Ya sé, pero no lo puedo evitar, tantos años de anunciar el fin del mundo deja marcas permanentes.

Les entregué una copa a cada uno para brindar. Empecé yo:

-Nunca creí que haría un brindis así: ¡Por CLAMIDIA!

-¡Por nosotros! - intervino Vita

-¡Por el futuro! cerró Orlando.

Y los tres vaciamos las copas de un trago.

-Necesitamos música- dijo Vita mientras rellenaba las copas.

-Me aseguraron que habría un buen equipo por aquí ¿dónde estará?

Y como si contestara mi pregunta, de una esquina llegó un "Chicas, para ustedes" de Orlando junto con los primeros acordes de Se acaba el mundo de Mono Blanco. La luz del sol que llegaba desde el norte colándose a través de las nubes, resultaba completamente desconcertante. Sonriendo me acerqué a la ventana, y me puse a cantar mientras observaba el Atlántico Sur. Vita y Orlando se me unieron muy pronto.

-Es increíble que sean las diez de la noche- dijo Vita.

-Hay tanta luz como a medio día- continuó Orlando ¿así cómo se supone que debe dormir uno? Desde el martes pasado que llegamos he dormido poquísimo.

-¿Quién está pensando en dormir? Mañana, la primera sesión de trabajo es a las 3 de la tarde.- aclaré

-¿Y los demás? ¿qué hay otra fiesta? - preguntó Vita.

-Tienen trabajo suficiente. En sus cuartos los esperaban las carpetas con la verisón completa del informe inicial que produjo la WAPA y tienen que leerlo antes de la sesión de la mañana.- Contesté mientras repartía en nuestras tres copas el final de la botella -Es el texto que les hice llegar a los dos para que lo leyeran en el avión. Quizás esta noche haya sido la razón principal de que yo llegara a Buenos Aires tres días antes que tú -dirigiéndome a Orlando- así podría asegurar que el resto de la gente estaría ocupada y que podríamos disponer de esta noche para nosotros, para cantar, platicar y reír como en los viejos tiempos. Como cuando nos reuníamos en el departamento de Vita en la Condesa o en el primer departamento de Orlando en la Roma. El tiempo que ha pasado desde el final me ha hecho redimensionar las cosas y, definitivamente, nos merecemos este tiempo para nosotros y ya. Quizá después tenga que explotarlos para evitar tener un colapso nervioso. Y no es sólo que la WAPA esté esperando un informe detallado sino que yo no puedo ni quiero seguir viviendo sin saber qué carajos pasó. Llevo tanto tiempo tratando de entenderlo sola que creo que me estoy volviendo loca así que, como ya se los he dicho muchas veces, los necesito. De nosotros tres depende darle un poco de sentido al mundo y al silencio. Díganme que cuento con ustedes y juro solemnemente dejar de hablar de CLAMIDIA y del Final.

-Claro, Clara,-contestó Vita con su fórmula favorita par dirigirse a mí -por supuesto que puedes contar con nosotros.-

-Buena tarea nos espera si tenemos que darle sentido a tanta pinche coincidencia pero, si algún capítulo de ICAMIDIA puede aportar algo relevante, no me queda la menor duda que somos nosotros. Si el silencio empezó en América Latina la expliación debe venir también de América Latina.- Agregó Orlando. -¿Quién quiere un martini?-


* * *


-¿Se acuerdan cuando todas nuestras reuniones terminaban viendo videos inverosímiles de youtube?- Dijo Vita tras el quinto martini de la noche.

Llevábamos dos horas platicando y riéndonos como tontos.

-Qué tiempos aquéllos. Si hace un año me hubieran dicho que esta navidad estaríamos sin internet me hubiera muerto de risa.- Contesté con mucho más énfasis del que la ligereza del momuento hubiera supuesto.

-Pues ya no tendremos youtube pero todavía tenemos los videos inverosímiles.- Agregó radiante Orlando

-¿A qué te refieres?- dije sorprendida mientras lo veía sacar su smartphone de la mochila -¿Y para qué traes eso?

-Creí que no lo lograría, pero en las noches de insomnio de esta semana he logrado que esta cosa vuelva a funcionar, al menos como reproductor. Y eso significa mucho más que no tener que llevar mi gran maleta de cds a todos lados, miren:

-Lo que hace uno con tal de no escribir- dije mientras acercaba una silla a la mesa en que estaba sentado Orlando.

Los tres nos sentamos en torno a la pequeña pantalla en que se veía el viejo clásico de "Maruja, sí, sí, ella habla..." y empezamos a ver todos los videos virales de youtube que nos proporcionaron horas y horas de diversión en su momento.

-¿Y se puede saber cómo lograste que se vieran los videos?- Preguntó Vita entre carcajadas.

-Pues llámenle presentimiento, pero unos días antes de la llegada del silencio me puse a bajarlos todos. Y en este momento, no saben cómo agradezco el presentimiento.

Tras ver a la Amapolita de Araguay, a la Tigresa de Oriente y a uno de nuestros favoritos sentimentales: Robert Smith en la muchachada nui -suave, suave, su, su, suave. Llegamos a Wendy Sulca y La Tetita.

El video me hizo sentir tan incómoda como siempre, esa extraña combinación de incredulidad, pena ajena y awkwardness que me me impedía verlo y criticarlo con la misma soltura que todos los otros videos.

-Sigue siendo tan creepy como siempre- dijo Vita cuando terminó.

-¿Te acuerdas que Sonia decía que este video era una señal inequívoca del fin del mundo?- dijo casualmente Orlando dirigéndose a Vita.

-¿Sonia, qué Sonia?- pregunté extrañada.

-Sonia Larios, una chava que estuvo en mi casa en Sancris en la primavera de 2009, justo la primera vez que Orlando me fue a ver- contestó Vita.

-Y que tú no fuiste porque estabas en Mallorca en el congreso- agregó Orlando.

-Ah, ya, la que decían que se parecía a mí.- dije recordando a quien, poco después, se convirtió en protagonista de la primera novela exitosa de Orlando "Viernes Entero Ensaldas" -Miembro de los detectives silvestres y que terminó...-

Pero en ese momento se abrió de golpe la puerta del faro y entró Joaquín Sabina.

-Hasta que os encuentro, en esta isla en el culo del mundo no hay más que charcos y pingüinos.


* * *


Sabina se abalanzó hacia la mesa de las bebidas y yo, sin poder olvidar mi extraña calidad de anfitriona me acerqué a atenderlo. Se sirvió un Gin-tonic con énfasis en el gin. Parecía no tener interés particular en conversar y en ningún momento hizo algún comentario sobre nuestra fiesta y cómo estaba evidentemente no sólo fuera de lugar sino también fuera de toda lógica.

Orlando parecía estar muy ocupado con la música, Vita fingió tener dificultades con el sushi y yo traté realicé un sincero intento por platicar. Muy pronto asumí públicamente mi derrota:

-Siéntete como en tu casa, como ves hay comida y bebida suficiente. Yo tengo que aceptar que la conversación casual nunca ha sido lo mío.

Sabina, haciendo un gran esfuerzo para contestar, deteniéndose casi en cada palabra logra decir:

-Muchas gracias. No me encuentro bien ¿sabes? Esta experiencia ha resultado abrumadora y, por increíble que parezca, me ha dejado sin palabras. Creo que el silencio se me ha subido a la cabeza. Estoy seguro que ya tendremos tiempo de conversar. Ahora volved a lo vuestro y dejadme aquí con mi ginebra.

Tras unos minutos más de silencio todos asumimos que Sabina se quedaría ahí y que, con toda claridad no estaba de ánimo de ser parte de nuestra fiesta. Mientras observaba la habitación reflejada en el vidrio de la venta del fondo de la habitación desde donde se dominaba una pequeña bahía, me di cuenta de que la afirmación de Orlando se había quedado dando vueltas en mi cabeza... Wendy Sulca una señal del fin del mundo, era tan absurdo que súbitamente dejó de parecérmelo. Orlando notó la extraña sonrisa que empezaba a asomarse y le dijo a Vita:

-Ven rápido que Clarisa tiene una idea.

En un segundo tenía la mirada de los dos sobre mí, pero tomé un rato más tratando de dar un poco de coherencia a los ligeros asomos de imágenes y palabras que agobiaban mi cerebro.

-No es idea, al menos no todavía, es una mera intuición. Algo me dice que Sonia tenía razón ¿Por qué no vemos otra vez el video?